A 176 años del paso a la inmortalidad de José de San Martín, una mirada diferente sobre una de las mayores hazañas de la historia argentina: cómo el Libertador utilizó la división de sus fuerzas y el engaño estratégico para atravesar los Andes y sorprender al ejército realista.

SAN MARTÍN: EL PLAN QUE HIZO POSIBLE LO IMPOSIBLE
Cada 17 de agosto, Argentina vuelve la mirada hacia José de San Martín. Este lunes se cumplen 176 años de su fallecimiento, ocurrido el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia.
Su nombre está asociado para siempre con la independencia argentina, chilena y peruana. Pero entre todas sus campañas existe una que todavía sorprende por su dimensión: el Cruce de los Andes de 1817.
La imagen más conocida muestra a un ejército atravesando una cordillera imponente. Sin embargo, detrás de aquella postal existió una planificación militar extraordinariamente compleja.
San Martín entendió que no podía enfrentarse al enemigo simplemente utilizando la fuerza.
Necesitaba sorpresa.
Y para conseguirla diseñó una estrategia destinada a mantener a los realistas en permanente incertidumbre.
SEIS COLUMNAS PARA ATRAVESAR LA CORDILLERA
El Ejército de los Andes comenzó su avance en enero de 1817. La operación contempló seis columnas que atravesaron distintos sectores de la Cordillera.
Dos concentraron el esfuerzo principal: una avanzó por el paso de Los Patos, mientras otra lo hizo por Uspallata.
Las otras columnas tuvieron una función decisiva.
Su presencia en diferentes puntos del territorio obligaba a los realistas a contemplar varios posibles lugares de ataque.
En otras palabras: San Martín no quería que el enemigo supiera dónde estaba el verdadero golpe.
La maniobra permitió extender el frente de operaciones y mantener divididas las fuerzas españolas. La estrategia de dispersión funcionó como un multiplicador de la capacidad del Ejército de los Andes.
UNA EXPEDICIÓN CONTRA LA GEOGRAFÍA
La estrategia militar tenía otro enemigo: la propia cordillera.
El cruce se realizó a una altura promedio cercana a los 3.000 metros y atravesó seis pasos diferentes. Las condiciones eran extremas: frío, falta de oxígeno, pendientes, caminos estrechos y dificultades para conseguir agua y alimento para hombres y animales.
La dimensión logística también resulta difícil de imaginar en la actualidad.
El Ejército de los Andes estuvo compuesto por más de 5.000 personas entre fuerzas militares y auxiliares. Para trasladar armamento, alimentos y equipamiento fueron fundamentales los caballos y las miles de mulas utilizadas durante la expedición.
No se trataba simplemente de caminar hacia el otro lado de la montaña.
Cada movimiento debía ser calculado.
Cada columna tenía una misión.
Cada jornada formaba parte de un plan mucho mayor.
EL OBJETIVO ESTABA MÁS ALLÁ DE LOS ANDES
El cruce no era un objetivo en sí mismo.
San Martín había comprendido que intentar llegar al corazón del poder español por el Alto Perú no ofrecía las mejores posibilidades. Por eso impulsó un plan continental que contemplaba liberar Chile, cruzar posteriormente hacia Perú y atacar el centro del poder español en Sudamérica.
El paso de los Andes fue, entonces, una pieza fundamental dentro de una estrategia mucho más amplia.
Después del cruce, las fuerzas patriotas se enfrentaron a los realistas en Chile y obtuvieron una victoria decisiva en Chacabuco, el 12 de febrero de 1817.
EL HOMBRE DETRÁS DE LA HAZAÑA
José de San Martín suele aparecer en los libros como una figura monumental, casi inmóvil en el bronce.
Pero su verdadera dimensión aparece cuando se observa el desafío que tuvo delante.
Tenía que formar un ejército.
Conseguir recursos.
Organizar armas.
Preparar animales.
Encontrar rutas.
Coordinar columnas.
Atravesar una de las geografías más difíciles del continente.
Y, al mismo tiempo, lograr que el enemigo no pudiera anticipar sus movimientos.
El Cruce de los Andes fue una combinación de logística, disciplina, conocimiento del territorio y estrategia militar.
17 DE AGOSTO: MUCHO MÁS QUE UNA EFEMÉRIDE
Este 17 de agosto, Argentina recuerda los 176 años del paso a la inmortalidad de José de San Martín.
Pero su legado puede resumirse en algo mucho más profundo que una fecha del calendario.
San Martín demostró que una desventaja no siempre determina el resultado.
Que la planificación puede superar a la fuerza.
Y que algunas de las batallas más importantes comienzan mucho antes de que se escuche el primer disparo.
El hombre que cruzó los Andes no solamente atravesó una montaña.
Abrió un camino hacia la libertad.