
El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una realidad alarmante en Argentina, donde se produce uno cada 9 minutos, convirtiéndose en la primera causa de discapacidad en adultos. Esta enfermedad aguda cerebral, que puede ser isquémica (por un coágulo) o hemorrágica (por una ruptura de vaso sanguíneo), demanda un reconocimiento inmediato de sus síntomas para garantizar un tratamiento oportuno y mejorar significativamente el pronóstico del paciente.
La clave para mitigar el impacto de un ACV radica en la velocidad de la respuesta. Como subraya Verónica Silvana Matassa, especialista en Medicina Física y Rehabilitación, «es fundamental tomar conciencia de que el tratamiento temprano de las secuelas permite reducir su impacto, haciendo que el paciente tenga una mejor calidad de vida». La neuróloga Guadalupe Bruera agrega que, si bien el ACV puede ser fatal o dejar discapacidades severas, un tratamiento rápido puede incluso no dejar secuelas en una minoría de casos.
¿Cómo identificar un ACV? ¡Actuá rápido!
Los expertos son enfáticos: conocer los síntomas es el primer paso para salvar vidas o prevenir discapacidades mayores. Prestá atención a estas señales de alerta que aparecen de forma repentina:
- Debilidad o entumecimiento en la cara, brazo o pierna, especialmente si afecta un solo lado del cuerpo.
- Confusión súbita o dificultad para hablar o entender lo que se dice.
- Problemas repentinos de visión en uno o ambos ojos.
- Dificultad inesperada para caminar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación.
- Dolor de cabeza severo y repentino sin causa aparente.
Si detectás alguno de estos síntomas en vos o en alguien más, buscá atención médica de emergencia de inmediato.
Consecuencias y la importancia de la rehabilitación
Un ACV puede dejar secuelas que van desde la parálisis y trastornos del lenguaje hasta problemas de coordinación, equilibrio, visión o deterioro intelectual. Estas condiciones varían en severidad y pueden afectar drásticamente la autonomía y calidad de vida.
Una de las secuelas más comunes es la espasticidad, un aumento del tono muscular que, si no se trata, puede causar dolor, acortamiento de los músculos y deformaciones. La rehabilitación temprana y continua es esencial para manejar estas secuelas y permitir una mejor recuperación.
Prevenir es vivir: Factores modificables y hábitos saludables
Si bien factores como la edad o los antecedentes familiares no pueden cambiarse, existen múltiples factores de riesgo que sí se pueden modificar para prevenir un ACV:
- Control médico anual: Realizá chequeos para detectar riesgos y aplicar medidas preventivas.
- Manejo de enfermedades crónicas: Controlá la hipertensión arterial, el colesterol alto y la diabetes, siguiendo las indicaciones médicas.
- Estilo de vida saludable: Mantené una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras, y reducí el consumo de sal y azúcar. Realizá actividad física de forma regular.
- Evitá hábitos perjudiciales: Dejá de fumar y evitá el consumo de drogas.
- Estimulá tu mente: Mantené la actividad cognitiva aprendiendo un idioma, bailando o estudiando. Esto crea redes neuronales que pueden atenuar los efectos del envejecimiento.
Conocer los síntomas y adoptar un estilo de vida saludable son herramientas poderosas en la lucha contra el ACV, una enfermedad que no da tregua y nos llama a la acción